Patrimonio Territorial

El territorio es, sin duda, un bien patrimonial, una herencia que recibimos de nuestros antepasados, y que reconocemos y valoramos a través de los paisajes. En ellos también va a quedar registrada nuestra huella para las generaciones futuras, y la entrega de un legado en buenas condiciones va a depender de lo que respetemos, de lo que valoremos y de cómo actuemos. Por eso podemos hablar de un patrimonio territorial.

El territorio es, sin duda, un bien patrimonial, una herencia que recibimos de nuestros antepasados, y que reconocemos y valoramos a través de los paisajes. En ellos también va a quedar registrada nuestra huella para las generaciones futuras, y la entrega de un legado en buenas condiciones va a depender de lo que respetemos, de lo que valoremos y de cómo actuemos. Por eso podemos hablar de un patrimonio territorial.

Algunos componentes del territorio, como el relieve, conforman determinados hitos o elementos significativos, como ríos, colladas y cumbres, que todo el mundo que vive en la zona conoce con nombre propio, y por eso sirven como referentes que ayudan a situarse, y a distinguir los espacios que pertenecen a uno u otro pueblo. Otros componentes territoriales significativos son los pueblos, los núcleos rurales; porque ellos son los lugares de residencia de la gente que, con su forma de trabajar y de vivir, va tomando las decisiones sobre el uso y organización del espacio y son, por ello, los principales conservadores de los paisajes que disfrutamos y de los pueblos que admiramos. Conocer los pueblos, sus casas, sus calles, sus equipamientos públicos como abrevaderos, fuentes, boleras, lavaderos o campas; y conocer su término concejil, con las mieses, los prados, sus invernales, y sus montes, bosques y pastos, nos ayudan a estimar el esfuerzo de construcción de estos paisajes.

Existe una legislación sectorial que trata de proteger los espacios que tienen un valor social especial: por su riqueza natural, por ser un recurso económico, por su necesidad para la vida (las aguas), por sus beneficios ambientales, por su carga simbólica, por sus valores culturales o por su situación estratégica. Pero es la Ordenación del Territorio la que debe integrar y armonizar todas estas funciones, para que el uso responsable del suelo y la preservación y mejora de la calidad de nuestro espacio de vida permitan un buen desarrollo de nuestro patrimonio territorial.

Cosio, Rionansa (Cosío, Rionansa)

Cosio, núcleo emblemático del valle del Nansa, destaca por su patrimonio construido entre el que cabe destacar la Iglesia de san Miguel, la Casa de La Panda, La casona y la casa de la Llosa.

Lafuente, Lamasón (Lafuente, Lamasón)

Lafuente configurado por una serie lineal de barrios construidos en torno al camino medieval. Destacan la surgencia y la iglesia de Santa Juliana

Prado Concejo de Tudanca (Tudanca, Tudanca)

Prado de siega perteneciente al conjunto de vecinos del pueblo de Tudanca, considerado un testimonio de gran valor patrimonial.

Puentenansa, Rionansa (Puentenansa, Rionansa)

Puentenasa, capital del municipio de Rionansa y subcentro funcional del valle medio y alto del Nansa, aparece conformado por tres barrios: La Brezosa, Alcantarillón y La Casteñara, destacando esta ultimo por sus casas en hileras, que siguen la tipología habitual en la zona, de dos pisos con balcón de madera entre muros cortafuegos, entre las que sobresale una con arcos de medio punto en su planta inferior.

Cades, Herrerías (Cades, Herrerías)

Cades constituye un conjunto urbano polinuclear. Destacan el conjunto de ferrería, molino y panera de la casa Rábago y la iglesia de San Juan Bautista